Mirada Alternativa Cine Deportes Universidad Música Mirada Maestra   Viernes  07/10/2016. Actualizado 12:05 h. Hemeroteca    onda   mirada21
Logo Uni Top
Portada Internacional Nacional Mirada Alternativa TecnoRedes Mirada UFV Universidad OcioCultura Cine Música Deportes
Valoración   VotacionVotacionVotacion   Valorar Imprimir  Imprimir Enviar  Enviar a un amigo Comentar   
0
"La guerra no tiene nada bueno, no es rom醤tica, es lo peor"
Recuperamos la entrevista que Antonio Pampliega concedi a Mirada 21 dos meses antes de ser secuestrado.
Antonio sue馻 ya con ir a Yemen.
  Antonio sue馻 ya con ir a Yemen.  Pampliega  

lkn noticia relacionada Una ni馻 cristiana de Irak perdona a los terroristas del Estado Isl醡ico
lkn noticia relacionada Cameron y Sarkozy recuerdan a los cristianos en sus mensajes de Pascua
lkn noticia relacionada La madre de dos de los cristianos asesinados en Libia perdona a sus verdugos
lkn noticia relacionada El Estado Isl醡ico persigue a los cristianos en Siria e Irak


"Una se駉ra nos dijo que rezar韆 para que sali閞amos con vida de Siria y cont醩emos c髆o los mataban", comenta Antonio.

Juan Cadarso 27/05/2015 1 Periodismo

"No sé si sirve o no, pero yo me voy a jugar la vida por demostrar lo que está pasando allí. Eso es el periodismo", este podría ser el resumen de cómo enfoca su profesión el siguiente protagonista. Antonio Pampliega tiene 33 años, y se dedica al reporterismo de guerra. El pasado 20 de mayo, la cadena Cuatro emitió un reportaje titulado Españoles contra la yihad, en el que el periodista viajaba a Siria para hablar de la guerra que vive el país y conocer de cerca a milicianos españoles que luchan contra el Estado Islámico.

Historias como estas son las que Pampliega escribe, graba y fotografía cada día en países en guerra para medios como The Times, El País o la agencia France-Presse. Desde 2008, este freelance, hecho a sí mismo, ha cubierto conflictos como Irak, Líbano, Pakistán, Afganistán, Haití, Somalia o Sudán del Sur, y tiene el valor de ser el único español que ha visitado Siria en 11 ocasiones desde que estallara la contienda bélica. El periodista ha contado a Mirada21 cómo es el día a día en el frente, el calvario que padecen los civiles y las dificultades que afrontan los periodistas para realizar su trabajo. 

¿Merece la pena correr tanto peligro para contar lo que sucede en la guerra?
Por supuesto que merece la pena. A pesar de las dificultades y de las cosas que veo, yo creo que no estaría dispuesto a hacer otro tipo de periodismo. Es una opción personal y de dignidad, gracias a la gente que cubre conflictos armados, lo que allí ocurre no cae en el olvido. Que la gente no quiera saber, no significa que eso no exista. Nosotros intentamos contar lo que ocurre y que ese sufrimiento de personas anónimas tenga una repercusión.

¿Cómo se hace y vive un periodista freelance?
En enero de 2008, hablé con casi todos los medios de comunicación de España porque me quería ir a Irak, y me dijeron que me fuese y que ya me comprarían. No lo entendí, pero me marché y al volver vendí bastantes reportajes y aprendí cómo funcionaba todo aquello. Al principio solo hacía texto, y he acabado haciendo texto, vídeo y foto. Los freelance no dejamos de ser hombres orquesta, lo hacemos todo nosotros para intentar perder el menor dinero posible. Al cubrir guerras, dependo de si estas están o no en auge, si no hay grandes conflictos, como es el caso actual, las temporadas en casa son bastante largas. Ahora estoy buscando destino. No sé si iré a Burundi, a Siria de nuevo, o incluso intentar entrar en Yemen.

¿Quién financia los gastos de un freelance?
El chaleco antibalas me lo deja Reporteros sin Fronteras, previo depósito de 300 euros. El resto me lo pago yo todo: los billetes de avión, los hoteles, las comidas, las cámaras… No me puedo pagar un seguro de vida porque perdería dinero.

¿Dónde y cómo vive un reportero en la guerra?
En 2012, en Alepo (Siria), eran los primeros compases de la ofensiva de los rebeldes, y vivíamos en pisos que habían abandonado unas horas antes los civiles. Los ocupábamos, y según avanzaba el frente nos cambiábamos a otros. En Irak, sin embargo, donde estuve el año pasado, dormíamos en un hotel. Cada día íbamos al frente, o nos quedábamos a dormir en la primera línea de combate con los peshmergas, el ejército kurdo. No siempre hay un centro neurálgico donde está toda la prensa reunida. Si están todo el día machacándose me intento levantar temprano e intento buscar historias, desde la mañana hasta bien entrada la noche trabajo y estudio la situación de la zona.

¿Cómo consigue las historias que cuenta?
En mi caso es gracias a los fixers, una especie de productores. Las historias las consiguen ellos, yo les digo lo que creo que puede entretener a mis clientes, y ellos tienen los contactos. Luego hay noticias que aparecen por sí solas. Me acuerdo de la historia que hice en Alepo de un turista japonés que me lo encontré en la calle. Es fundamental que la gente entienda que las historias no las conseguimos porque seamos buenos, sino porque tenemos al mejor fixer, a él le debemos todo nuestro éxito.

¿Es consciente de que el drama que allí se vive no se conocería si usted no fuera a esos lugares?
Por eso sigo yendo, por eso sigo yendo. A pesar de la amenaza que tenemos los periodistas occidentales, yo tengo un compromiso con ellos. Si hoy estás hablando conmigo es gracias a mi trabajo en Siria, y eso se lo debo a los sirios, que han dado muchas veces la vida para sacarme de allí. Yo me debo a ellos y voy a seguir contando lo que les ocurra, con cabeza y mesura, porque si el Estado Islámico nos captura nos va a decapitar. Eso es lo que entiendo por periodismo, un compromiso de contar historias para que la gente sepa lo que está pasando en otras partes del mundo. 

La UFV tiene una red de antiguos alumnos llamada Corresponsales de Paz, que apuesta por devolver los valores al periodismo. ¿El periodista necesita valores?
Nosotros somos periodistas, pero también seres humanos. Como decía Kapuciński, si alguien no es buena persona, no puede ser buen periodista. Me gusta el nombre de Corresponsales de Paz, porque yo aparte de cubrir guerras también intento buscar historias positivas y transmitir valores a la gente que está en España. Antes de ser periodista de guerra no tenía los valores que ahora tengo gracias a todo lo que he visto. Antes no se me pasaba por la cabeza guardar la cámara y dejar de hacer fotos, ahora, si la tengo que dejar y echar una mano a un crío que está en un hospital, lo hago directamente. 

¿Cuál es la historia que más le ha afectado emocionalmente?
Son tantas que no sabría decir. En marzo de 2012, en un pueblo de Siria, que llevaba tres días siendo cercado por la artillería del régimen, encontramos un funeral de un chico de 15 años al que un tanque había matado. Estuvimos con la familia llorando, y cuando nos íbamos a marchar del cementerio, vimos a una señora mayor que estaba desconsolada. Nos acercamos y la grabamos, la mujer se levantó y nos temimos que nos cayera una bronca. Ella empezó a darnos besos y abrazos, algo impensable, ya que una mujer árabe no toca a un hombre que no sea de su familia. Estábamos consternados, la señora nos hablaba y el traductor nos decía que ella iba a rezar por nosotros para que saliésemos con vida de Siria y pudiéramos contar al mundo cómo les estaban matando. Yo en esa mujer veía a mi madre, a mi abuela… A mí me gustaría que el mundo viese eso, y no que esa gente fueran números o estadísticas.

¿Cómo es la rutina de la gente que vive en la guerra?
Aunque parezca absurdo, es absolutamente normal. La gente sigue yendo a comprar el pan y al mercado. Lo que pasa es que es posible que no vuelvas a casa porque el mercado o la panadería han sido bombardeados. Son cuatro años de guerra en Siria, la gente se sigue conociendo por Facebook, sigue saliendo a comer, incluso se casa. Hasta qué grado de normalidad llega, que en una de las últimas veces que estuve en Alepo fuimos a ver el España-Holanda, del Mundial. La gente sigue con su rutina. En Somalia, por ejemplo, son 20 años de guerra, y o sigues con tu vida o te quedas anclado.  

¿La guerra tiene algo bueno?
No. La guerra no tiene nada bueno. La guerra no es romántica. La guerra es lo peor.

¿Qué papel juega la ideología en un conflicto?
La guerra está basada en ideologías. Ideologías estúpidas, de gente estúpida, que se aferra a esto para matar a gente que no conoce, gente que es exactamente como ella, y que si no estuviera en el bando contrario sería su amiga. Las ideologías son lo que divide al mundo.

En el caso de los sirios, ¿qué opinión tienen de Occidente?
Los sirios no piensan que Occidente sea malo, de hecho les encanta el Madrid, el Barcelona, Twitter o Facebook. Lo que pasa es que los sirios han visto cómo Occidente los ha abandonado. Ellos vivieron el principio de la revolución y nosotros pasamos de ellos. Buscaron una alternativa, que eran los islamistas, y la solución es muy mala, pero tampoco les dimos otra opción.

¿Cuál es la situación de minorías en Irak como los cristianos?
Yo estuve con ellos en una iglesia de Erbil, en el Kurdistán iraquí. Allí ves cómo viven, y te cuentan los horrores que han vivido. Recuerdo la historia de una señora que tenía una sobrina de tres años y no se sabía nada de ella. La señora se ponía a llorar, pero aun así iba todos los domingos a misa con el resto de la comunidad. Todos cantaban, intentaban tener fe, tener esperanza, aunque estuvieran viviendo en tiendas de campaña y con la incertidumbre de no saber si volverían a sus casas. Los ves allí, jodidos (sic), y dices vaya mierda (sic).

¿Qué papel juegan Dios y la religión en la guerra?
Yusef es como un hermano para mí, y la última vez que estuvimos con él a cada hora me decía que si podía ir a rezar. Como era una persona que antes no rezaba nunca, le pregunté el porqué de ese cambio y me dijo: "porque no me queda nada más que Dios". Él no es nada fanático, pero llegó el momento en el que o crees en algo o pierdes toda la esperanza. A Yusef la única esperanza que le quedaba era Dios y como a él a muchísima otra gente.

¿Tiene miedo?
Tenemos miedo, hemos visto a mucha gente morir, y entre ellos a compañeros y amigos. Pero el miedo es bueno porque te hace tener la cabeza fría y no cometer locuras. No se puede ir a una guerra sin pensar que puedes morir o que te puede pasar algo. Nuestro trabajo conlleva una serie de riesgos que tenemos que asumir. El primer día que llegué a una guerra, que era la de Irak, fueron los GEO (Grupo Especial de Operaciones) a buscarnos al aeropuerto y pensé: ¿Qué estoy haciendo aquí? Fuimos del aeropuerto a la Embajada de España por una de las carreteras más peligrosas del mundo. Era por la noche y los GEO iban con los fusiles cargados. Si fuera un gato me preocuparía, porque he gastado demasiadas vidas, demasiadas.

¿Cómo vive su familia el peligro que corre?
Hasta que salió el reportaje en Cuatro, no tenían ni idea de lo que hacía, sabían que iba a las guerras pero no a qué grado llegaba su hijo. Mi chica me decía que no había recibido tantas llamadas en la vida como en estos días, y que no eran para felicitarme sino para darle apoyo por soportar el peligro que corro. 

Después de ver tanto dolor y destrucción, ¿hay lugar para la esperanza?
Yo soy muy optimista y cada vez que vengo a España intento hacer mi vida. A mí me encantaría tener un hijo, casarme, viajar… Si no tienes esperanza, vives en un agujero negro. A pesar de las cosas que hemos visto, tenemos que ser siempre optimistas.

Valoración   VotacionVotacionVotacion   Valorar Imprimir  Imprimir Enviar  Enviar a un amigo Comentar   
0
Enviar a:  
        
COMENTARIOS