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'El puente de los esp韆s': un abogado, tres pa韘es y una obra maestra
Spielberg retrata la Guerra Fr韆 desde una perspectiva m醩 humana y menos grandilocuente.
Mark Rylance como esp韆 ruso
  Mark Rylance como esp韆 ruso  Spies  

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El realizador construye una f醔ula moral con el p醤ico nuclear como pieza subyacente.

Alex Garc韆-Castellano Gerbol閟 07/12/2015 1 Comunicaci髇 Audiovisual

Dentro de la mitología de índole cinematográfica, descollan sobremanera nombres variopintos que aun para las lenguas menos versadas tienen algún significado. Uno de estos bienaventurados, bendecidos por la gracia fortuna, es Steven Spielberg. El director de Cincinnati, Ohio, es, sin miedo a incurrir en error o desmesura, una de las personalidades más célebres del patrimonio cultural. La razón de esa notoriedad está de sobra justificada: todo el cine presente dimana de sus largometrajes primeros. Su talla y talento no están sujetos a debate. Es uno de los mejores de todos los tiempos. 

Si bien los atavíos y maneras de El puente de los espías presagiaban un largometraje sobre espionaje al uso, tenedor de las frecuentes peculiaridades que se le atribuyen a la temática -sangre, turbiedad moral y venganza-, la película es en verdad un ejercicio fílmico anómalo que prorroga la sobriedad y la quietud de Lincoln; incorporando, no obstante, elementos coenianos -los hermanos de Minnesota son los responsables del guión- que exoneran el resultado último. El filme no resulta tan frío ni parsimonioso. 

Spielberg apuntala el relato sobre un personaje protagónico, sin ínfula alguna, que reconoce su intrascendencia en el maremágnum político: un abogado penalista de admirable firmeza moral y enorme arrojo. Y es esta consciente irrelevancia una de sus más sobresalientes virtudes. 

El realizador construye una fábula moral con el pánico nuclear como pieza subyacente. Prescinde además del retrato histórico -contextualiza pero nunca detalla- y de los discursos políticos y morales a los que acostumbraba el viejo cine hollywoodiense. Ni unos son blancos, ni otros son negros: hay un espectro amplísimo de grises. Esta ambigüedad y complejidad en lo referente a los personajes y la trama -que bien presentes están en sus dos últimos largometrajes- hacen de su cine más tardío una joya de valor inconmensurable. 

La fotografía guarda no pocos parecidos con su predecesora. Janusz Kaminski reitera en estilo y ejecuta un trabajo igual de suntuoso que el consumado en la crónica del decimosexto presidente de Estados Unidos. Todo en la película es perfecto. 

Como síntesis, y a fin de ahorrar tiempo, se concluirá de la siguiente forma: El puente de los espías es una obra maestra de visionado ineludible. Un Spielberg menos spielbergiano, pero igual de genial. 

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