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Batman v Superman: el amanecer de la justicia o lo dif韈il que es ser un dios
La pel韈ula soporta los perjuicios del desorden, la urgencia y las nulas habilidades del director.
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La direcci髇 de Zack Snyder conserva su actitud esteticista; aunque, en esta ocasi髇, se limita en sus fetiches.

ALEX GARC虯-CASTELLANO GERBOL蒘 04/04/2016 1 COMUNICACI覰 AUDIOVISUAL

Ante el progreso y el buen hacer de su émulo más recio -Marvel-, DC tomó el dictamen de dar inicio a un universo cinematográfico flamante y, en consecuencia, aislado, en términos estrictamente narrativos, de la trilogía del caballero oscuro elaborada por Christopher Nolan. El largometraje El hombre de acero se constituyó como el basamento de este nuevo orbe fílmico -heredando el tono circunspecto y oscuro del batman nolaniano- que pretende remedar el éxito del proyecto marvelita. Pero acuciados por la premura, los hacedores y máximos responsables de esta empresa decidieron rehuir de las fases constituyentes más significativas -la construcción de vínculos a un nivel emocional entre personajes y espectadores- en pos de erradicar las ventajas temporales que la productora de Iron man mantenía. ¿El resultado de esa resolución? Batman v Superman: el amanecer de la justicia.

La película, que hace las veces de secuela y transición, funciona de modo errático desde los primeros estadios hasta su conclusión. Su montaje confuso y arbitrario resta entidad a un largometraje que ya en su génesis resultaba caótico. La dirección de Zack Snyder conserva su actitud esteticista; aunque, en esta ocasión, se limita en sus fetiches: menos Slow motion y mejor empleado. Los personajes, y, por extensión, el guión, son defectuosos; pero muchas de sus deficiencias son fruto del apremio y la mala organización: han buscado abarcar en exceso contando en su haber con un único largometraje. En su caminar, Marvel ha ido desarrollando de modo independiente los distintos protagonistas que conforman su cosmos; DC, por el contrario, ha buscado sustentar toda una franquicia en apenas un personaje, empleando la película que aquí ocupa como prólogo de demasiadas historias.

A excepción del murciélago de Ben Affleck -mucho más sombrío y ambiguo moralmente que sus predecesores-, el reparto resulta damnificado por las faltas del libreto y las exiguas dotes del realizador -Zack Snyder es un pésimo director de actores-. Lex Luthor es un compendio de visajes y gestos, que, en su inane intento por evocar al Joker de Heath Ledger, lo único que logra infundir es pesadez y tirria. Y Lois Lane pierde la ínfima tridimensionalidad que en la precuela pudo transmitir. Aquí no es más que un estereotipo de simpleza ultrajante que deambula por la trama según menester de los guionistas.

No obstante, a pesar de sus taras, la película ostenta unas lecturas sugestivas -y de índole religiosa- que incrementan el valor del filme y evitan que se diluya en el tiempo. La introducción del largometraje, el tercio más brillante del metraje, sirve como presentación del caballero de la noche y exposición de sus motivaciones dramáticas; al tiempo que crea las bases del conflicto futuro: Batman es un hombre temeroso de la supremacía física de Superman -"Él tiene el poder de acabar con la humanidad, y si creemos que hay aunque sea un 1% de probabilidades de que sea nuestro enemigo, debemos tomarlo como una certeza absoluta"-. En definitiva, Bruce Wayne es un hombre sin fe al que le exhortan a creer. Superman, por su parte, es un semidios en búsqueda de una réplica: ¿es el ser humano verdaderamente bondadoso? Y todo el filme reflexiona sobre las implicaciones de la dicotomía que se plantea.

En todo el metraje subyacen tanto la identificación mesiánica de Superman como la porfía interna de Batman y el debate con ecos watchmenianos -¿quién vigila a los vigilantes?- en el que el director sume a sus dos protagonistas.
Incluso su plano conclusivo contiene una enorme significación metafórica: Superman -enviado por su padre a la Tierra y criado por un matrimonio sin retoños biológicos- presta su vida con el propósito de redimir la de los hombres, de eximirles de su nefanda condena -Juicio final, Doomsday-; para después resucitar como mesías, como redentor de la humanidad.

Batman v Superman: el amanecer de la justicia padece las injurias de unos productores codiciosos que tan solo ven en sus mitos el venero de sus fortunas. De obrar de un modo distinto, el resultado no hubiese sido tan calamitoso.

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